Explotación y amenazas: la historia de la mujer que huyó de una colonia menonita en La Pampa
María Unger Reimer tiene 34 años. Nació y creció en la colonia menonita Nueva Esperanza, en Guatraché, La Pampa. En 2019 decidió escapar. Fue la primera mujer en hacerlo. Hoy denuncia violencia, amenazas y un sistema de control que, según afirma, opera dentro de la comunidad.
La colonia se formó en 1986. Varias familias llegaron desde México y se instalaron en el sudeste pampeano. Actualmente viven allí unas 2.000 personas. Trabajan sobre todo en el campo, la carpintería y la fabricación de galpones y silos.
Quiénes son los menonitas
Los menonitas son cristianos de tradición anabaptista. Siguen las enseñanzas de Menno Simons, un reformador religioso del siglo XVI. Promueven comunidades cerradas y una vida austera. Separan la Iglesia del Estado, no votan y no realizan servicio militar.
En colonias conservadoras mantienen reglas internas estrictas. La organización suele estar a cargo de obispos y ministros. Muchas decisiones se toman dentro de la propia comunidad.
Reglas internas y vida cotidiana
Según el testimonio de María, las mujeres no participan en decisiones relevantes. No votan ni ocupan cargos de autoridad. Su rol se centra en el hogar y la crianza.
En la colonia se habla un alemán antiguo. El uso del castellano, especialmente entre mujeres, está mal visto. Tampoco se permite el uso libre de celulares. Si detectan uno, las autoridades religiosas pueden imponer sanciones.
Los niños asisten a escuelas propias hasta sexto grado. Luego trabajan en tareas rurales o talleres. La jornada combina trabajo e iglesia.
La fuga y las denuncias
María se fue en 2019. Viajó en colectivo y sin dinero. Dejó a sus dos hijas en la colonia porque no pudo sacarlas en ese momento. Después consiguió trabajo en Tucumán y formó una nueva pareja, también exintegrante de la comunidad.
Con el tiempo logró reencontrarse con sus hijas. Una de ellas regresó más tarde a Guatraché. La otra vive con María en Tucumán.
El 8 de febrero de 2026 volvió a La Pampa para visitar a su madre internada y facilitar un encuentro entre su hija y el padre. Allí, según denunció, su expareja la golpeó y la amenazó de muerte. Médicos del hospital de Guatraché constataron lesiones. Luego presentó una denuncia penal.
Días después, el padre retiró a las niñas en Santa Rosa junto a otros miembros de la comunidad. La Policía interceptó el vehículo en Miguel Riglos. Las menores dijeron que querían ir con su padre. La Justicia no consideró que hubiera secuestro. La abogada de María sostiene que existieron presiones.
Reclamo judicial y conflicto de fondo
Actualmente tramitan dos causas. Una investiga las lesiones y amenazas. La otra analiza la restitución de las hijas.
María cuestiona la falta de medidas de restricción inmediatas. Afirma que el entorno comunitario condiciona la voluntad de las niñas. También sostiene que la violencia no se limita al ámbito privado, sino que cuenta con tolerancia social dentro de la colonia.
El caso expone tensiones entre normas religiosas internas y la legislación argentina. En particular, plantea interrogantes sobre violencia de género y derechos de niños y adolescentes. La resolución judicial definirá ahora el futuro de las menores y el alcance de la protección estatal.






