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Con 14 años un joven de Resistencia construyó un avión de ala única

Iván Korzeniowsky es un joven de 14 años con una gran por pasión por la aviación. Logró replicar a escala uno de los modelos más revolucionarios del ingeniero Reimar Horten, pionero del diseño aeronáutico en nuestro país y uno de los creadores del Pulqui, de los primeros aviones a reacción que existieron en el mundo. Su prototipo alcanza los 160 kilómetros por hora.

Este joven de Resistencia, Chaco, cursa segundo año en la Escuela Aeronáutica n°32 . Es el hermano del medio, su padre es técnico en aeronáutica y su madre es ama de casa. Esta cuarentena, como a miles de alumnos, lo tiene alejado de las clases presenciales. Sin embargo, lejos de desmotivarse, encontró una manera de hacer rendir su tiempo de encierro.

Por iniciativa propia y a modo de homenaje, Iván fabricó el modelo IAE-33, una aeronave diseñada en Córdoba en los tableros de la ex Fábrica Militar de aviones por uno de los ingenieros más reconocidos de la aviación mundial, Reimar Hortenque murió en nuestro país en el año 94´.

“Desde que conocí la trayectoria de este ingeniero me convertí en un admirador de sus trabajos. Eso me motivó a investigar más en profundidad cada uno de ellos, comenzando por el primer planeador que construyó, voló y por el cual fue premiado por las autoridades de su país con tan solo 16 años de edad”

“Pasando por infinidades de alas, planeadores y cazas, me detuve en los trabajos que realizó en Argentina, en donde también realizó una labor sorprendente desarrollando tecnologías que hasta aún hoy en día siguen siendo utilizadas por otros países”, destaca Iván.

Con un poco de foam -un tipo de gomaespuma liviana- imprimió los planos y empezó a darle forma al avión en una sola pieza. Más tarde le sumó un motor brushless sin carbones que tenía en su casa. Ese propulsor le garantizó menos rozamiento y mayor rendimiento. Y le colocó una hélice de 5 × 4.5. La máquina que construyó tiene, además, un control speed de 40 AMP, dos servos kds 290 digitales con engranajes metálicos y todo esto alimentado por una batería lipo de 11.1v.

Una vez terminado lo recubrió con vinilo blanco, y les realizó detalles en rojo y negro utilizados para gráfica automotriz.

Faltaba lo más emocionante, hacerlo volar. “La prueba la hicimos en el playón de la escuela. Lo pudimos medir y alcanza unos 160 kilómetros por hora… verlo en el aire fue muy gratificante”.

En total tardó un mes y medio desde la planificación hasta la ejecución total. Tuvo ayuda de su padre, que es técnico en aeronáutica y docente, y gastó entre materiales nuevos y otros reciclados un promedio cinco mil pesos.

En una entrevista, Iván confesó que querría estudiar Ingeniería aeronáutica cuando termine la escuela.

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